Esos viajes que nunca haremos

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En fin, todos tenemos un puñado de destinos imposibles acumulados, por una u otra razón, de una u otra manera, en el fondo del cogote. La mayoría son nimiedades, caprichos incumplidos. Pero no todos. Algunos no nos dejan tranquilos, nos inquietan y desazonan hasta que podemos realizarlos. Otros, simplemente y más allá de nuestra edad, sabemos que no los haremos nunca.

No hablo de viajes a la luna ni cosas así (eso debéis buscarlos en webs de ciencia ficción, no aquí). Simplemente, bueno, la vida de un hombre no da para todo. Viajar mola, mola más allá de la comprensión del común de los mortales, por lo que parece, ya que si no estaríamos todos todo el santo día de la ceca a la Meca; pero hay que hacer otras cosas, como tener familia o atender a la propia, trabajar, beber cerveza con los colegas…

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Bien. Ya hemos asumido la dura realidad y que algunas cosas que potencialmente podríamos hacer no llegarán a ocurrir nunca. Uno de los aspectos más duros de ganar en madurez es ese precisamente; y aunque ya digo que forma parte de nuestra formación como personas adultas, no deja de fastidiar. Simplemente, hay que aprender a convivir con esas pequeñas frustraciones.

No me veo visitando Japón ni Centroamérica, no sé por qué

Algunos me diréis “pero Camilo, ¿de qué mierdas me hablas? ¡La vida es larga, tenemos salud y fortuna, y los tiempos adelantan que es una barbaridad!”. Que sí, que sí. Para esa gente, la única frontera imaginable en nuestro planeta podrían ser, qué se yo, el Polo Norte o la Antártida. Y ni siquiera; pero no, no me valen esos cruceros de tres al cuarto desde el que os dais una vuelta por el Perito Moreno y luego unas fotos a los icebergs.

Hay otro obstáculo doble no técnico para asumir que no iremos a muchos lugares que queremos, y es la enormidad del mundo unida al ansia de conocer. Aunque consigas visitar todos los must de Europa, del mundo, todos sus monumentos y sus barrios trendys, resulta que a mí me gusta recorrer también los pueblos. Bueno, cuando terminemos, te diré que me gusta hacerlo dos veces. No te bañas dos veces en el mismo río…

Pero tampoco me refiero a ese tipo de imposibilidades. Simplemente, hay sitios no necesariamente lejanos ni remotos, pero a los que nunca iremos, aunque nos atraigan. Algunos los vamos dejando, pero otros sabemos que… que no. El mío es Australia. O la India. Creo, porque no veo el futuro. Lo veremos…

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