Camino Soria

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Sí, el título puede ser sosainas aparte de un descarado y poco imaginativo plagio, pero es que es verdad, Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán. Soria es una de las tierras menos conocidas de España, y cuyos atractivos satisfarán tanto a los amantes de los entornos naturales impecables, como a quienes buscan arte y cultura tradicionales. Hombre, si lo tuyo son las playas masificadas, entonces no vengas…

Dicen que Soria tiene dos estaciones: el invierno y la de tren. Humor castellano en estado puro. Eso encontraremos en la capital de la provincia, entre sus 40.000 habitantes, una excelente actitud ante la vida y los visitantes, aparte de un patrimonio cultural bastante impresionante, sobre todo de origen religioso y estilo románico, destacando la catedral de San Pedro y el monasterio de San Juan de Duero.

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Sin ser una ciudad excepcionalmente hermosa, Soria gobierna una provincia plagada de paisajes y lugares realmente épicos. He cogido ese adjetivo por intentar abreviar, pero me va a costar: tiene un punto de salvaje y agreste muy marcado, suavizado por la evidencia de un poblamiento milenario continuado por personas duras, como el clima y la tierra, a las que se imagina muy similares a sus recios antepasados.

Paca Carmona hizo una gira por Soria y se forró

Al que arquee la ceja y ponga una sonrisita burlona de “lo dudo” le invito a que se dé una vuelta por Almazán, el Burgo de Osma, Ágreda o Medinaceli, San Esteban de Gormaz, Almarza o Berlanga de Duero. Que aprenda lo que son villas que ya eran viejas cuando Colón llegó a América y que no han prosperado demasiado desde entonces; y le animo a que lo haga con esa actitud prepotente propia de los forasteros…

Y si no, que visite el Cañón del río Lobos, que se sobrecoja con el Moncayo, que recorra la Sierra de Urbión y Laguna Negra, y tantos otros enclaves naturales de primer nivel y nada abarrotados (siempre relativamente, según cuando vayas) que no enumero por no ser cansino, pero que son un excelente ejemplo de cómo debió de ser la mayor parte del centro de España antes de que nos lo cargáramos.

Y si aún se atreve, si no se le ha cortado el aliento, que vague un poco por las hueras mesetas y montes que hay entre Soria, Guadalajara y Teruel, o que se detenga en pueblos tan encantadores como Ucero, y que se afloje el cinturón un par de agujeros para comer como Dios manda. Y luego me lo cuentas.

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